sábado, 8 de mayo de 2010

Ausente..*

¡Hace un montón de días que no escribía nada por aquí!... Y mira que no será por falta de cosas que contar... Aunque bueno, supongo que he estado demasiado ocupada, realmente, o demasiado... ausente, sin más...
La verdad es que tampoco sé por qué estoy escribiendo ahora... Supongo que para paliar un poco el sentimiento de vacío que llevo dentro... Al fin y al cabo este blog surgió a raiz de un gran sentimiento de dolor y de vacío brutal en un día clave y crítico, en el que maduré de golpe, y que me costó un fuerte golpe, también... Son los sentimientos que nos desbordan los que nos llevan a escribir... A lo largo de la historia, todos los dietarios o memorias encontrados se inician con un hecho transcendental, ya sea una guerra, algo a nivel general, social, que afectara a todos, o sea un conflicto personal pero que conlleve una conmoción fuerte, como puede ser una muerte, o también un nacimiento...
En mi caso parece que responde más a muertes que a nacimientos, a penas que a alegrías... Empecé este blog con el fin de una relación, y hoy me encuentro escribiendo por el fin de otra... Es curioso... Han sido las dos relaciones más importes de mi corta vida, y también las más dolorosas y las más absurdas... Aunque bueno, seguro que algo útil tenían, ni que fuera madurar con una, y aprender de los errores con la otra... Aún así, cuando una relación de años termina, y más si termina de forma poco... amable, por así decirlo, no puedes evitar sentirte hecho una mierda, pensando que nada ha tenido sentido, que todo es una inmensa farsa, y que a la vida le gusta reirse de ti... Y quizás cuando se piensa eso se tenga razón...
De la primera ruptura han pasado tres meses, y en esos tres meses no he podido llegar a entender aún el sentido de una relación de dos años con quien creía el hombre de mi vida y que resultó ser el gran manipulador de mi vida, en realidad... A veces me gustaría pensar que hubo algo de verdadera en ella, ni que fueran los primeros meses, pero cuando se valora friamente se ve muy claro que no, que todo estaba preparado así desde el principio. Al fin y al cabo, el ser humana funciona por cadenas de sustitución, aunque algunos nos resistamos a ello... Tres meses que, en el fondo, han sido los más provechosos de los últimos años, porque me han servido para crecer, para aclarar mis ideas (poquitas, pero alguna que otra), para conocerme mejor, saber lo que quiero y lo que no quiero a partir de ahora, y saber lo que debo trabajar de mí para no encontrarme en situaciones parecidas, aunque eso sea dificil... Tres meses... Dos años de mi vida, el 10% de mi tiempo vivido, que desapareció en una conversación telefónica y nunca regresó. Quedó perdida en la inmensidad del pasado, del pasado oscuro, sombrío, doloroso, incongruente,... Tres meses en los que pasé de la desesperación, al dolor profundo, a la rabia, la pena, y finalmente la resiganción. Resignación ante una situación que no llegué a comprender, de la cual me quedaron muchos interrogantes que no tiene sentido ya resolver.
Precisamente hace un par de días encontré a ese gran manipulador por la calle, y pretendió girarme la cara, hacer ver que no me veía. Pero no se lo permití. Quizás hubiera debido tener más orgullo e ignorarle yo también, porque al fin y al cabo no se merece ni que le dirija la palabra, pero supongo que me interesó saludarle, no sólo para hacerme notar, para que se diera cuenta de que seguía viva a pesar de su intento de asesinato, sino también para poderme poner a prueba a mí misma. Verme delante de él y sentir, notar lo que experimentaba mi cuerpo, mi cabeza, mi corazón,... Saber hasta qué punto había superado ese fatal desengaño, saber hasta qué punto era capaz de mirarle a los ojos. Y en ese sentido el resultado fue más... positivo? de lo que esperaba. Me sorprendió no sentir nada malo, al contrario, le miré a los ojos casi todo el rato y no pasó nada por mi cabeza. Usé una fina ironía en alguna frase, una llana indiferencia en la mayoría de ellas, una hipocrita cordialidad que rellenaba todas las palabras absurdas que dijimos en esos cinco minutos, e incluso alguna sonrisita de superioridad quizás al saberme vencedora, al sentirme viva y bien, satisfecha del resultado de los acontecimientos, aunque hayan tenido que pasar tres meses para que me percatara de ello... No ocurrió nada de lo que suponía que podía ocurrirme cuando volviera a verle, pero quizás fue porque al no esperar verle, y encontrarmelo de repente, sin preámbulos, de sopetón, de improviso, las reacciones fueron más naturales, más verdaderas, no estaban condicionadas subjetivamente. Aprovechó el encuentro para decidir devolverme cosas mías que todavía tiene, y quedamos para vernos cinco minutos al día siguiente, pero al final, como era de esperar, "le surgió un imprevisto" y no se presentó. Me sentí un poco extraña al comprobar mi impasividad ante todas esas emociones inesperadas... Me sorprendió no sentir nada negativo, un poco de rabia, un poco de dolor, un poco de... no sé... de enfado ante su actitud hipócrita y su plantón del día después. Pero no, no sentí nada... Realmente me horrorizó un poco, eso... Y confirmó esa sensación de haber tirado a la basura los dos últimos años de mi vida... Que él no sienta nada es normal, no tardó ni dos días en estar con otra después de dejarme. Pero que yo, que tanto le quise, que tanto significó para mí, y que tan mal lo pasé al "perderle", que después de dos años pasen tres meses y al verle no sienta nada... sentí un poco de miedo ante esa extraña indiferencia. Al día siguiente, al ser algo previsto, lo pensé detenidamente y me dije: "Esther, seguramente será la última vez que le veas, así que arreglate, ponte mona, demuestrale lo bien que estás y lo mucho que ha perdido". Pero luego me miré al espejo y me eché a reir. ¿Qué sentido tenía todo eso? No me apetecía arreglarme, solamente iba a salir de casa para ir al ensayo, y quería ir cómoda, no arregladita. Además, ya no necesitaba demostrarle nada, me lo había demostrado a mí misma y con eso me era suficiente. Por un lado me enorgulleció esta actitud tan madura, tan honesta conmigo misma, tan sana. Por el otro me entristeció un poco. Pero tan poco que no pude evitar salir de casa con la ropa más fachosa y mal combinada que tenía, con una cola de caballo de esas que me hago cuando ya no sé que más hacer con mi pelo, y con las bambas rotas de hace dos años. ¡Y tan tranquila! Quizás si me hubiera arreglado, al no haberle visto después, igual hasta me hubiera cabreado conmigo misma. Así que me satisface comprobar que, aunque resulte triste porque he vivido engañada una parte importante de mi vida, en realidad ese "hombre de mi vida" no era el hombre de mi vida... Porque, ¿qué pérdida del hombre de tu vida se supera en tres meses (o menos)?... Así que la conclusión es clara, es una ruptura que ha dejado de tener trascendencia en mi vida, que forma parte del pasado, un pasado que seguramente ha condicionado mi presente, pero pasado al fin y al cabo...
Y en cuanto a la otra ruptura... Bueno, esa duele, duele mucho todavía... Demasiado para poderla analizar tanto como la anterior... Y me siento muy vacía... Si no pienso en él treinta veces al día no pienso ninguna. Si no pienso en llamarle o mandarle un mensaje veinte, tampoco lo hago ninguna. Pero luego recuerdo todo lo que llegó a decirme y me derrumbo, no puedo evitar llorar, y me quedó hecha mierda. No merecía que me hiciera eso. Quizás me equivoqué en algunas cosas, no lo niego, pero con todo y con eso nadie que pueda quererte de verdad te haría daño a conciencia gratuitamente... Y me dolió muchísimo, porque realmente le quiero más que a nadie, y es de las personas que más me importan. Pero está claro que en este caso también me dejé engañar... Él no ha tenido problema alguno en mandarme a la mierda a lo grande, sin escatimar en insultos, y regocijándose en su dicha para asegurarse mi desdicha. Eso no se hace nunca a alguien a quien se quiere. Nunca. Yo sería incapaz... Supongo que derramaré algunas lágrimas durante algunos días más mientras siga recordando todo lo que dijo, y luego el dolor irá minvando, el vacío haciéndose pequeño, y la vida volverá a empezar...
Al fin y al cabo, como dice Violeta, "yo soy una chica joven, guapa, con toda la vida por delante, y él es un tío maduro que...". Lástima que aquí se interrumpa para levantarse desesperada por el enorme dolor que siente al verse abandonada por Abdón porque éste se ha ido con otra, y pregunte a gritos cuánto tiempo más va a sentirse así de mal...
Después de este larguísimo blog supongo que es normal que esté unas semanas ausente, porque cuando escribo, ¡escribo ya para cubrir el espacio de todo el mes!!

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