miércoles, 17 de marzo de 2010

Un buen concierto conduce a una buena reflexión..*

¡Bien! ¡Me siento fantásticamente bien! Tranquila, en armonía con mi espíritu, orgullosa del resultado de mi trabajo, contenta por la respuesta del público, divertida ante los flirteos de uno que yo me sé, y feliz por el amor de otro...
Estoy "enganchada", aunque superficialmente, a una seria americana muy partiótica, de la que me descargo los capítulos y los voy viendo.
Tengo a Bruno durmiendo en su cestita a mi lado, como cada noche. Cada día está más grande, pronto tendré que comprarle un cesto más amplio, porque en éste ya le sobresalen las patitas si las pone estiradas...
Escucho todo tipo de música, ahora mismo suena ese dúo que cantan tan acertadamente Malú y el triunfito ese del que nunca recuerdo el nombre, "que nadie calle tu verdad, que nadie te ahogue el corazón, que nadie te haga más llorar,...". Es una letra bonita, y certera. Nadie tiene derecho a hacer nada de eso. Nadie.
Hoy me siento libre. Y me encanta. Me siento libre y me apetece ser libre. Libre para hacer lo que quiera, libre para poder reírme de mí misma, para llamarme niñata estúpida cuando lo merezco y para felicitarme cuando es la ocasión, para divertirme con quien quiera y como quiera, para amar como me apetezca y a quien me apetezca, para decir lo que me venga en gana a quien me venga en gana, para cantar, gritar, llorar, besar, mojarme bajo la lluvia sin paraguas y saltar dentro de los charcos y ensuciarme los pantalones.
Me siento bien. Y me gusta...
La vida no es siempre de color rosa, ni siquiera teniendo un hombre en ella, por mucho que Edith lo pintara así. ¡La vida es multicolor! Lo que tiene un color son los momentos, y juntos forman la paleta de la vida, llena de tonos... Sí que puede ser rosa quand il me prend dans ses bras, pero también lo es cuando das un buen concierto y la gente sigue aplaudiéndote incluso cuando ya has bajado del escenario, cuando te esperan en la puerta para hacerte llegar sus felicitaciones, para decirte lo mucho que les has gustado; cuando alguien que te conoce te escucha por primera vez y se queda sin palabras y lo único que puede hacer es abrazarte y darte un desconcertante beso en la comisura de los labios; cuando te comes una pasta industrial de chocolate llena de grasas y azúcares y, aunque sabes que no debes, o quizás precisamente por eso, te sabe a lo mejor que has comido nunca; o cuando tu hermano te da un codazo disimulado para indicarte que tu padre está emocionado al volver a ver en vídeo tu actuación,... Esos son momentos rosas, o de cualquier otro color pastel, brillante, aterciopelado y sincero...
También hay momentos negros, claro... Cuando sufres un desengaño, cuando te diagnostican una enfermedad crónica, cuando pierdes a un ser querido, cuando alguien a quien quieres con locura desconfía infundadamente de tí, cuando algo que tenías muy por mano sale mal, cuando una hora se convierte en una eternidad, cuando tu vida se tambalea ante incertidumbres preocupantes, cuando no logras encontrar la esperanza por ningún lado,...
Y lógicamente, no todo se reduce a esa gamma de colores... Podemos encontrar momentos verdes, amarillos, azules, dorados, naranjas, lilas, y de cualquier color que podamos concebir en nuestras mentes... ¡¡Y no hace falta ser sinesteta para ello!!

No hay comentarios:

Publicar un comentario