miércoles, 3 de marzo de 2010

Bruno..*

Su nombre es Bruno, y es la bolita de pelo más preciosa que he tenido nunca en mis brazos.
Después de años, peleas, suplicas, rebeliones y demás, por fin lo he conseguido: ¡tengo un cachorrito en casa! Un bonito cachorro, mezcla de pastor alemán con belga, de sólo un mesecito recién cumplido. Nació el 31 de enero, y es una fecha simbólica, puesto que fue esa madrugada cuando acabó mi relación con Ivan. ¡Y esó es una señal! Algo podrido murió y algo tan hermoso como mi Bruno nació... ¡Y es maravilloso!
Ayer recorrí un montón de kilómetros en tren para irle a buscar, y luego me los recorrí de vuelta, con Brunito metido en un bolso viejo, llorando, asustado por el viaje y por los pasajeros, que todos le miraban sin parar, sonriéndome y preguntándome cosas sobre ese bebito que llevaba en brazos... ¡Con lo vergonzosísima que yo soy!... Y lo poco que me gusta llamar la atención fuera del escenario... Y, si alguien no lo cree, ¡que le pregunte a Hum*! Dará fe de que lo que digo es totalmente verdad...
Cuando salí del piso donde recogí a Bruno y fui hacia la estación estaba sumamente preocupada porque lo metí en el bolso y ni se movía. Estaba ansiosa de llegar a la estación para poderlo sacar y comprobar que no se había muerto o algo así. Metía la mano en el bolso, le acariciaba, y no hacía nada de nada... Me preocupé muchísimo. Pero ya, una vez en el tren, se espaviló y se pasó el trayecto soltando grititos de cachorro y llamando la atención de todo el vagón...
A todo esto, mi móvil no dejaba de sonar. Mi hermano preguntando cuánto tardaría en llegar con el perrito, mi madre enfadada deseándo que aquella historia del perro que le había contado mi hermano fuera mentira porque si no yo y el perro dormiríamos en la calle, los de mi compañía preguntándome si llegaría para hacer un pase general, y yo llamando a Hum para compartir con él mi felicidad, pero no hubo manera de localizarle en ese momento...
Total, que llegué a mi destino, crucé la ciudad corriendo con el perrito en brazos y llegué al ensayo cuando ya salían del teatro. Pero les enseñé a Bruno, que lo miraba todo con ojitos asustados, y nadie fue capaz de echarme la bronca con esa cosita bonita en brazos... De mi casa bajaron a recogerme mi padre y mi hermano, mi madre prefirió no verlo para no tener que creerlo... Y cuando llegamos, bajé del coche y se lo dejé coger a mi hermano, que estaba alucinado de que hubiera sido capaz de estar 3 horas en un tren para poder traer a casa esa bolita suave, sabiendo que se me hacen pesadísimos los viajes de más de media hora... Pero yo, por Bruno, ¡lo que haga falta!
Lo subimos arriba, donde estaba mi madre, y lo dejamos en el suelo, a sus espaldas. Cuando lo vio me miró con cara de odio y dijo: "Qué feo... Está asustado...". Y mi padre también le encontró feo, así que me lo cógí y me lo llevé a la habitación para enseñarlo a quien lo quisiera ver y lo encontrara bonito. Y entonces empezó a lloriquear de esa manera tan tierna, y todos se acercaron y ya, de repente, no era tan feo...
Mi madre no se le acerca demasiado, le tiene manía, hoy le ha pisado "sin querer", y siempre le llama guarro y le chilla, pero mi padre le hace hasta más caso que mi hermano, juega con él, le llama, le ayuda a comer...
Es una preciosidad. ¡No es para nada feo! ¡¡Es una monada!! Tan chiquitín, tan gracioso, tan suave, tan... ¡adorable! ¡Le quiero! ¡Le quiero una y mil veces! Es mi pequeño Bruno, un deseo hecho realidad, una esperanza, un proyecto, una vida... ¡Es maravilloso! Ahora sí que puedo cantar a alguien que lo merece, y sin miedo a equivocarme, eso de: How wonderful life is now you're in the world...

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