martes, 16 de febrero de 2010

Personas que me sacan de quicio..*

Supongo que a todo el mundo le ocurre que congenia mejor con un determinado tipo de personas que con otro. En mi caso, quizás es un poco más acentuado que en el resto, puesto que esto de las relaciones sociales siempre me ha costado bastante, soy demasiado exigente, e, inconscientemente, tiendo a clasificar a las personas, a etiquetarlas, y a decidir, siempre después de tratar un mínimo con ellas (eso de prejuzgar no me gusta nada y no lo soporto), si son aptas para mi amistad o no. Visto así quizás parezca que soy una pedante prepotente, pero no va por ahí la cosa... Es simplemente que, en cuanto a relaciones interpersonales (menos las amorosas, en las cuales debería también aplicar esta regla y no ser tan sumisa ni dejarme pisotear tan facilmente) siempre he preferido estar sola a estar mal acompañado. Y toda esa hipocresía de hacer ver que alguien te cae genial por puro interés no me va... Y eso que es algo que mis padres, como el 99% de la gente, lo practican bastante, puesto que nunca sabes a quién vas a poder necesitar en un futuro... Pero a mí eso no me va.
Así pues, hay determinados tipos de personas, o determinadas actitudes, que me sacan de quicio, y ante las que no soy capaz de quedarme calladas o no actuar en ellas. Y son actitudes que no siempre han de implicar que tache a esa persona de mi lista de amigos, ni mucho menos, pero aún así no dejan de molestarme.
Por ejemplo, el primer tipo de personas que no me caen especialmente en gracia son aquellas tan vulgares, que, encima de no tener comportamientos adecuados, se enorgullecen de su mediocridad, y hasta intentan potenciarla. Me parece algo muy triste, la verdad... En los programas del corazón hay infinidad de ejemplos concretos que todo el mundo puede conocer...
Otro tipo es aquel que su única aspiración en la vida es ser más moderno que nadie, más conocido que nadie, más guay que nadie, ir siempre a la última y mirar a todos los demás por encima del hombro simplemente porque llevan unos zapatos de la temporada pasada o porque el corte de pelo no les queda bien con la forma de la cara. Estas personas que se creen suficientemente poderosas con su extrema frivolidad como para juzgar a las demás e incluso tiranizarlas o burlarse de ellas me parecen, más que tristes, sinceramente despreciables. Sobre todo cuando resulta que en realidad son una combinación de ese primer tipo mediocre pero que además intenta jugar el rol de este segundo tipo...
Estos dos tipos de personas son las que en general no tengo en mi circulo de relaciones porque no lo podría soportar. Algunas veces, en mi afán por ser más sociables y aceptar a todo el mundo, realmente he intentado llevarme bien con ellas, aceptarlas, incluso intentar entenderlas. Pero sus comportamientos en relación al mundo son tan contrarios a los míos que es algo superior a mí, no puedo evitarlo, pero me resulta imposible ser capaz de seguir riéndoles las gracias más de un par de días...
Y luego tenemos esos comportamientos que a todos pueden molestarnos, como es que alguien a quien queremos o apreciamos nos mienta, nos critique a nuestras espaldas, nos cambie los planes a última hora a sabiendas de que has tenido que cambiarte la agenda de ese día para hacer aquello en concreto, la falta de puntualidad sistemática de algunas personas (entre ellas yo, porque hay veces que siempre llego tarde, ni que sean cinco minutos...), y muchas otras pequeñas cosas hacia las que los demás pueden tener una capacidad de tolerancia mayor o menor...
Pero, si hay una actitud que me saca totalmente de quicio, es la manía que tienen algunos (por muy amigos que sean, y por muy bien que puedan caerte, y por mucho que les puedas querer) de pensar siempre que aquello que ellos creen es la verdad universal, de querer ver siempre en cualquiera de tus actos, frases, o blogs algo más de lo que es, una segunda intención o lectura que para ellos es la verdad universal porque en la película que se montan en sus cabezas aquello es así y no hay vuelta de hoja. Y este fenómeno, en alguno de ellos, puede llegar a puntos tan extremos como que les estés contando algo y en un momento dado de la narración aquello que les dices no les guste, ellos solos se imaginan un final hipotético (que para ellos es la verdad universal por mucho que tú insistas en negarlo) y sólo por aquello que han imaginado te monten un pollo impresionante, te digan de todo, ¡e incluso te manden a la mierda! ¡Este tipo de actitudes NO LAS SOPORTO! Me parecen inadmisibles, y totalmente intolerantes y dogmáticas al cien por cien. Son tan patéticas. Algunos de mis amigos, -sobre todo uno en especial, al que aprecio mucho pero al que odio mucho cuando hace esto-, tienen tendencia a esta actitud, y yo, he llegado a un punto que cuando empiezan con estas paranoias, puesto que no se les puede llamar de otra manera a estas manías obsesivas que tienen, directamente desconecto de la conversación, les cuelgo el teléfono, o discretamente, si hay más gente, me pongo a pensar en cosas bonitas para no concentrarme en lo que están diciendo, no oirles, y así evitar que les diga cuatro verdades de esas que a veces pueden escocer un poco... Pero realmente, no soporto esta obsesión por quererle poner cinco pies al gato incluso después de darse cuenta de que no le han podido buscar solamente tres...

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