No sé a quien pretendo engañar... Bueno, sí, sí que lo sé... Pretendo engañarme a mí misma... Y no es que sea tonta, sólo que tengo tendencia al autoengaño...
Por mucho que lo ignore, que salga, que intente distraerme, que planee encuentros de placer con otra gente, parece que no puede pasar un día entero sin que haya pensado en él más de tres veces... Y cuando eso ocurre me parece absurdo todo lo que hago por intentar no pensar en él cuando sé que pensaré en él igualmente... Y me siento estúpida y mal... Quiero poder salir, quedar con gente, divertirme y pasarlo bien, poder disfrutar de lo que me vaya ofreciendo la vida sin pensar en si debería, no debería, quizás es muy pronto, quizás tendría que guardar luto unos días más, quizás me llame mañana mismo, quizás tiene el móvil estropeado y por eso no me llama, quizás no le gustará ver que me distraigo y salgo y lo paso bien... Pero todo eso, todos esos pensamientos, ¡sobran! ¡Son absurdos! No se ha muerto nadie, no tengo que llevar luto, no tengo que guardarle ningún respeto, ni ninguna fidelidad, ni ningún trato especial. Fue él quien decidió romper la relación, y ya está. Lo único que yo tengo que hacer es aceptarlo y olvidarle. Ha demostrado que todo lo que pudo decir este último año eran sucias mentiras, ¡y por tanto no merece que yo derrame ni lágrimas, ni pensamientos, ni culpas, ni suspiros, ni mucho menos malos rollos conmigo misma! Él debe estar la mar de feliz y contento, y yo debería estarlo igual y no comerme tanto la olla como me la como... Lo que necesito es precisamente salir y distraerme y no cuestionarme demasiado si lo que hago está bien o está mal. Si lo hago porque me apetece y disfruto con ello, no puede ser malo. Y si algo tiene de malo, me da igual. ¡Soy libre de hacer con mi vida, con mi corazón, con mi mente y con mi cuerpo lo que a mí me dé la gana, cuando a mí me dé la gana!
¿Qué algún día quiere llamarme? Pues muy bien, perfecto, pero lo que ni puedo ni debo hacer es estarme aquí encerrada, triste y ojerosa esperando su llamada, que quizás ni llega, o llega dentro de varias semanas o meses, incluso. Y si quiero salir de Carnaval, salgo. Y si quiero quedar con alguien para tomar algo, quedo. Y si quiero pasarme un fin de semana entero revolcándome con otro, lo hago, y punto. Total, a él no le debo nada. Bastante daño me ha hecho ya, como para que encima tenga que venir mi estúpida vena de mujer maltratada a machacarme todavía más. Es plantando cara al mundo como se irán todos mis miedos irracionales, y no dejandome dominar por ellos... Nunca debo olvidar mis cuatro metas fundamentales para poder empezar a ser feliz:
1. Aprender a quererme a mí misma.
2. Dejar de tener miedo a la soledad.
3. No crear vínculos de dependencia emocional con nadie, ni llegar a la situación de posicinarme por debajo de cualquiera, y menos si es una persona que no me conviene o con la que estoy "mal acompañada".
4. No dejar que nadie hiera mi autoestima y mi confianza con rechazos o menosprecios, y saber cuando se da esta situación, por muy camuflada que esté.
Seguro que logrando esto seré muchísimo más feliz y dejaré de preocuparme por estupideces. Otro de mis problemas es que pienso demasiado, debo aprender a dejarme llevar y hacermelo fácil...
Como dice esa canción de La Oreja, he llorado demasiadas veces donde nadie llora más, donde el amor sabe mal, donde los versos se van, donde la vida da igual, donde nada es de verdad, donde no existe la paz... Aunque en mi caso, la única persona que tiene que perdonarme y abrazarme soy yo misma...

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